viernes, 28 de noviembre de 2014

3

RECUERDOS


Padre me observa de reojo, mientras reclinado sobre el mini-laboratorio, hace algunas pruebas, unas mezclas. Desde mi posición, sentada sobre un almohadón en la sala de Comando (el Comando de emergencia) no logro detectar los compuestos, pero sé que no debo interrumpirlo, pues son estudios importantes, así que solo le comunico mi sentimiento de tranquilidad mientras observo los hologramas que Madre ha traído secretamente para instruirme en las rutinas diarias de unos seres pertenecientes al Sistema Solar, Tierra, específicamente. 
Padre asiente, en respuesta a la transmisión y me manda un puñado de cálidas imágenes mentales en las que aparecemos Madre y yo, en labores similares a la suya. Eso me distrae un poco, pero continuo con mi acelerada sesión de aprendizaje sobre costumbres terrestres.
Seres bastante ordinarios, la verdad, como he venido observando desde hace diez lunas.
Los hologramas ahora me muestran el desarrollo de un "parto" lo que logra captar mi atención. Nunca había visto nada parecido. Parece tan poco nereideano... Como algo salido de los más terroríficas pesadillas. Una hembra humana terrestre abre las piernas y de un orificio que antes era absurdamente pequeño empieza a emerger una criatura cubierto de sangre.
Padre capta en ese instante mi pánico, seguramente debí haber enviado una transmisión mental sin darme cuenta.
Se acerca entonces a mí y avanza la reproducción hasta que ambos observamos una especie de matanza atroz entre terrestres. "Guerra" se titula esa parte de las enseñanzas y es ahí cuando padre apaga el reproductor de hologramas. Parece enfadado.

Tengo tantas preguntas, pero no parece ser el momento adecuado para formularlas.
Padre está molesto y eso casi nunca pasa. Me llega de él solo una transmisión, dice : "No irás a ese planeta".
Yo guardo silencio absoluto. Sé que Madre se opondrá tajantemente a esa determinación, ella me ha estado trayendo tantos artículos que hablan sobre la vida en Tierra que no creo que nadie, ni siquiera el más fuerte de los nereideanos la haga desistir.
Padre se ha enfrascado de nuevo en su labor de mezclas químicas, me percato, así que doy rienda suelta a mis pensamientos, no sin antes erigir una barrera mental para que no se me escape ninguna inquietud a modo de transmisión que luego pueda detectar Padre.

Lo primero que pienso es tal vez sí esté de acuerdo con Padre, estos llamados Humanos, los terrestres, parecen ser muy salvajes y de un aspecto terrible. Sus pieles, -¡bendito universo!-son de un color enfermizo, no como el radiante celeste que presentamos nosotros. Yo, por ejemplo, aunque mi piel es el de los más claros de los celestes, aun así resultaría más saludable que cualquiera de estos terrestres.
Espero nunca tener una transmisión de pensamientos con Madre sobre esto último que pienso, pues hasta para mí suena muy superficial...
Pero de lo que sí estoy segura es de su salvajismo. Aquella matanza brutal aun cala en mi mente, repercutiendo en mis pensamientos como una especie de virus corrosivo. Tanta sangre...
Me recuerda un poco al holograma de la terrestre que "paría" a la criatura, mas el fin de ésta era bueno.
"Parir", le preguntaré a Madre, cuando llegue de su excursión, el significado de eso. Parecía algo tan antinatural, cruel. Y a la vez tan propio de esa especie que no sé qué calificativo otorgarle.
Lo normal es el *PDNA (programa de desarrollo nereideano asistido) pienso, divagando en mi mente. Pero el hilo de mis pensamientos se corta ante la repentina vibración del suelo.
Me quedo helada durante un instante. En Nereo son habituales las vibraciones, me digo, tratando de apaciguarme.
Padre, desde la otra estancia, me envía una transmisión pidiendo que guarde calma.
Extrañamente no lo consigo.
Para ser sincera, no consigo calmarme desde que el Estado emitiera una comunicado global de que se acercaba el Último Momento en la faz de Nereos.
La emisión, vía holograma, mostraba a un sereno primer ministro, en la recepción del Gran Palacio Azul de la Capital junto a varias científicos de renombres, entre ellos pude ver a Madre, ella era una de las pocas que lucía inquieta.
El mensaje era claro y contundente.
Se acercaba una tormenta solar que acabaría con la resistencia nereideana, ni aun estar bajo suelo nereideano nos salvaría. El primer ministro lo llamó El Último Momento.
Recuerdo que Padre estaba a mi lado en ese instante, contemplando impertérrito las declaraciones de la Gran Devastación, yo era pequeña en ese entonces, no le presté importancia
Es así pues que no entendí en un principio lo que significaba, pero a medida que fui creciendo, pude comprender la envergadura del asunto. Nereos está muriendo, y nosotros a la larga también.
No es solo la tormenta que nos amenaza, es nuestro ecosistema el que se viene abajo también. 
Es aterrador el saber que tenemos las horas contadas. Pero el resto de nereideanos se lo han tomado con calma. Todos sabían que iba a ocurrir y parecen conformes. 
Yo no. Madre tampoco, aunque en ella se debe más a su calidad de científica y protectora de la vida, por eso aun busca alternativas de supervivencia.

- - - 
El suelo ha parado de vibrar. Mi suspiro mental es lo bastante fuerte como para despertar de sus sueños a todo el pueblo nereideano. Pero por un instante no me importa.
Hasta que la vibración vuelve con más fuerza. Extrañamente esta vez ya no me asusta.
Padre tararea una canción desde la otra estancia, me la envía a modo de transmisión para serenarme ya que no puede despegarse del trabajo.
Yo me quedo totalmente quieta sobre el almohadon hasta que la vibración para. Es ahí cuando al fin me dispongo a levantarme, pero algo pasa. Tengo una sensación de inexorabilidad que nunca antes había sentido y un ligero mareo me ataca. Las luces se apagan ¿o son mis ojos los que se cierran?.
Padre grita, es la primera vez en mi vida que lo oigo hacer un sonido. Y sé, entonces que estamos en problemas.

De pronto una violenta sacudida me derriba al suelo. Las luces se han ido dejando todo en penumbras. Las paredes del cuarto de comandos se resquebrajan, un chirriante sonido surge de la nada, debe ser la alarma.
Empiezo a gatear mientras el suelo sigue temblando, pero algo impacta sobre mis piernas impidiendome continuar. Cuando trato de quitarme de encima el objeto recibo un impacto de algo duro sobre la cabeza...

Un lenguetazo de incinerante dolor me despierta minutos después, de la inconciencia. Es un dolor abrumador, no me deja pensar coherentemente. Trato de llegar a la estancia donde está Padre pero no lo logro.
Una débil transmisión mental se cuela en mis pensamientos. Es Padre: "Katsdinria..."
"Padre, ¿estás herido?"
Ni bien acabo de responder la magnitud del calor se torna insoportable.
¿Bendito Universo, qué es esto?
"El Último Momento..."
Padre grita enloquecedoramente desde donde se encuentra.
Yo trato de no hacerlo pero pierdo la batalla. Mis músculos se retuercen de dolor, como si repentinamente hubiera ingresado a un lago de aguas hirvientes.
Mis agónicos aullidos no son los únicos. Cuando la insoportable ola de calor sosiega me llegan miles de transmisiones, de nuestros vecinos, de demás ciudadanos que residen por los alrededores.
Es como un bombardeo de millones de transmisiones, me dejan más débil aun...

En lo único que logro pensar es en Madre y si es que podremos salvarnos. Cuántas esperanzas utópicas... ¿En verdad es esto el tan llamado Último Momento?. Ojalá solo sea un entrenamiento propiciado por el Gobierno. 
No es posible que sea El Último Momento, pienso, mientras un alarido me desgarra la garganta.
"...Porque yo quiero vivir. Y asistir a las Instrucciones Científicas de Nereos y luego ser tan buena como lo es Madre".
(continuará)

jueves, 27 de noviembre de 2014

2

Sé qué ahora todo se trata de adaptarme. Curiosa palabra, nunca había pensado en ella,  ni siquiera cuando sabía que nuestros días en Nereos estaban contados.
Nereos ahora se me hace algo tan lejano, como un cuento, mi pequeña gran mentira, nadie me creería si contara acerca de nuestras ciudades...No he tenido aun oportunidad de acercarme a esta especie. Madre, hiciste un gran trabajo al alterar mi pigmentación y demás modificaciones, con las que poco a poco me voy acostrumbando. Pero nunca olvidaré cómo yo era en realidad, cómo eran los nereos. Nuestra piel, tan diferente a la deslavada piel de los que moran este pequeño planeta...
Me siento perdida en mi propio cuerpo, en mi piel, mi mente es un embrollo, producto de la información que me introdujiste en el Último Momento, aunque claro, eso último se me ha olvidado.

Si tú estuvieras aquí, madre, verías el porque todo me resulta tan complicado, el adaptarme, el acoplarme a esta especie. Tienen una disgustante forma de comunicarse, abriendo la boca para crear sonidos que bien podrían transmitirlos mentalmente, pero parece que aun no han evolucionado en ese aspecto. Son unos insólitos sonidos los que emiten ellos, que varian en tonalidades de acuerdo a los individuos, esto lo sé pues los he escuchado a hurtadillas mientras ocultaba mi figura.

Tampoco saben hacer esto último, ocultar sus figuras, borrando su coloración para mezclarse con el ambiente. Como un camaleón, así se dice al menos por acá, según lo detecta mi sistema interno de lenguaje....

1

La música, ¿ cómo hablarte de ella, cómo describirla? Es un bálsamo de aguas tranquilas, es como flotar a la deriva rodeada de una calidez infinita que se extiende como un manto interminable de propiedades extrañas. 
Es un mundo extraño. La lengua. El extraño sol. La inquietante atmósfera. Pero he de adaptarme, lo estoy intentando. Mas no sé si pueda superar la nostalgia de Nereos nunca, ni nuestra casa. 
Mis recuerdos de ese tiempo están mezclados con el dolor lacerante del Último Momento. No creo que llegue a olvidar tampoco de eso. Ni de padre agonizando, tratando de inmolarnos. Pero tú fuiste más fuerte, Madre, cuando creímos ambos que todo estaba perdido. 

La memoria se me resquebraja en esa parte, no sé si para bien o para mal, solo me quedan cortas ráfagas de memoria perdida en las que la tormenta solar me incinera por dentro y me siento arder, enloquezco mientras observo cómo el Comando de Emergencia de nuestra casa comiemza a adquirir el insano color de brasas * (especie de bunker). Y no sé cómo lograste salvarme. ¿Fue que acaso usaste el crio-tanque? Las posibilidades de lo que hiciste hasta ahora me dejan inquieta, triste. Y me pregunto si ustedes dos también lograron salvarse.

Esta es una carta que sé que nunca podré enviartela. Y esto me mata, más de lo que hizo la tormenta solar, más de lo que pudieron haber provocado mil soles explosionando...

Continúa: http://foraneadenereos.blogspot.com/2014/11/se-que-ahora-todo-se-trata-de-adaptarme.html