sábado, 6 de diciembre de 2014

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Mis agónicos aullidos no son los únicos, cuando la insoportable ola de calor sosiega me llegan miles de transmisiones, de nuestros vecinos, de demás ciudadanos que residen por los alrededores.

En lo único que logro pensar es en Madre y si es que podremos salvarnos. Cuántas esperanzas utópicas... En verdad es esto el Último Momento. Ojalá solo fuera un entrenamiento. Porque yo quiero vivir. Y asistir a las Instrucciones Científicas de Nereos y luego ser tan buena como lo es Madre.


RECUERDOS (2)

Olas de un calor devastador me recorren todo el cuerpo.
El dolor. La agonía. Todo es tan intenso. Como si hubiera entrado en contacto con el mismo sol. Y lo peor es que no puedo frenarlo, por más que  retuerzo mi cuerpo en posiciones inimaginables, nada me sirve para apaciguar el suplicio de sentir que estoy siendo quemada viva.

"Katsdi, usa el desatomizador" no sé cuánto tiempo ha pasado desde la última transmisión  de Padre pero él  suena extraño en un cierto modo que no logro identificar, como una especie de cadencia quebrada, una voz gutural. 
Voz...Los nereideanos no hablamos, solo mandamos transmisiones mentales.
Mi mente lidia con el dolor del proceso de una muerte por incineración y lo insólito de la voz de Padre, que nunca la había escuchado antes...
"¡El desatomizador!" borbotea, pero no logro oír lo que sigue pues los chillidos que rasgan mi ya maltrecha garganta me impiden tener una buena audición.
Ahora yo soy la que grito sin poder contenerme (por una fracción de milisegundos me sorprendo yo misma, ¿cómo es posible que yo tenga voz si casi no poseo una boca?-ningún nativo del planeta la presenta muy desarrollada puesto que la comunicación telepática es más simple). Siento que no voy a poder resistir esto por mucho tiempo...
Tengo una especie de destello racional y logro acordarme de dónde guardábamos el desatomizador, instrumento que solo usabamos para desintegrar los elementos que ya no nos servían en corpúsculos invisibles a la vista nereideana.
El desatomizador es la única opción que me queda.
Hago acopio de mis escasas fuerzas y procedo a hacer una descarga del desatomizador sobre mi cuerpo...

- - -

Algo ha pasado, me percato, algo ha salido mal. 
Debo de haber sufrido un colapso en algún momento. Ya no recuerdo qué era lo que debía hacer.
La linea de transmisión de Padre está muerta. Estoy en la más completa soledad quemándome viva. Parece como si esto fuera a durar una vida...

Los ojos se me entreabren y logro ver que las cálidas paredes del centro de Comando ha adquirido una innatural tonalidad negruzca.
Todo se quema por la tormenta solar.
Cuando me miro las manos veo que unas enormes ampollas empiezan a cubrirme la piel.
"¡No!" Grito desesperada. Mis ojos me escocen de una manera insana.
El dolor se torna violento y yo convulsiono. El rostro, los dedos de las manos, las piernas, todo de lo que soy levemente consciente adquiere la composición de la lava.
Morir de esta manera. Mi mente no lo acepta. Yo no lo acepto.
Trato de mantener los ojos abiertos -tarea casi imposible- y  es como si también amenazase con salirseme el humor vitreo, las corneas, todo, como si mis órganos internos amenazasen con desprenderse de mi cuerpo...
Y antes de perderme en la negrura de un sueño con dirección a la muerte observo una sombra acercándose a mí.
Es Madre.
O tal vez me lo imagino...

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