domingo, 7 de diciembre de 2014

5

La sensación de nacer me estremece.
 Abro los ojos bruscamente y la desazón se apodera de mí, solo puedo ver cómo se ciernen sobre mí innumerables puntos blancos sobre un infinito fondo negro. Cuando trato de erguirme una extraña membrana gelatinosa me lo impide, así que vuelvo a mi posición horizontal.
¿He muerto?
Esta es la soledad más silenciosa que he sentido nunca. Y tal vez esté bien, luego de soportar el Último Momento rodeada de un incesante fuego ahora estoy rodeada de la nada, del vacio.
No me imaginaba así la muerte...
Mis manos palpan con ligereza la cápsula gelatinosa que me envuelve y compruebo que es exactamente de mi tamaño.
Debo salir de esta cápsula, pienso.
Trato de reprimir el creciente pánico que me provoca el estar encerrada por la membrana y con mis adoloridas manos empiezo a rascar la gelatinosa capa interna de mi claustro.
 No me lleva mucho tiempo el hacer un orificio por encima de mi rostro pero inmediatamente una extraña sustancia entra por el agujero y se cuela por mis vías respiratorias.

Me ahogo.
Pataleo desesperada y comienzo irracionalmente a rasgar la cápsula que me envuelve en un intento desesperado de sobrevivir lo cual si pensara con lógica no tendría algún sentido, puesto que mi acción origina que aún más de esta desconocida sustancia entre por los huecos que le hago a la cápsula.
Pero no es la única cosa que se introduce. Algo de consistencia salina y casi helada entra por mi nariz y boca.
Al principio pienso que voy a morir, y esta vez en serio, mas luego me percato de lo que es la nueva sustancia.
Es agua.
Es casi un alivio sentir el agua otra vez...Destrozo la cápsula y me quedo a la deriva, mis extremidades se curvan inconscientemente para proporcionarme movimiento. 
Nado entre las oscuras aguas casi extasiada pero aun siento la preocupación de no saber dónde me encuentro ni cómo fui a parar aquí, en este sombrío océano.


Continuará...

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